
Hola, peque. Ha llegado la noche, suave y azul, y tú y Growy están acurrucados junto a la ventana abierta. Todo se ve soñoliento. Entonces, muy bajito, el mundo empieza a susurrarte buenas noches, solo para ti.

Primero pasan las nubes, lentas y plateadas. 'Buenas nooches', tararean con voces graves y esponjosas, contando cuentitos de todos los lugares por los que flotaron hoy: una montaña, un mar, un jardín igual que el tuyo.

Luego el árbol alto junto a la ventana mece sus hojas. 'Shhh, shhh', susurra, como un amigo gigante y gentil que te acuna. Cada hoja es una manita que te saluda suave hacia el sueño.

Miras hacia arriba y le preguntas a la luna: '¿Tú también tienes sueño?' La luna brilla cálida y responde con una voz tranquila y plateada: 'Yo me quedaré despierta y te cuidaré toda la noche. Cierra los ojos.' Y con dulzura, extiende una manta suave de luz plateada justo sobre tu cama.

Tus parpadeos se vuelven lentos y pesados. Growy susurra: 'Cuando escuchas con atención, todo el mundo en calma te desea buenas noches.' Las nubes, el árbol y la luna callan todos juntos, suaves como una manta.

A salvo y con calorcito, te acomodas mientras la noche gentil te sostiene. 'Dime, peque...' susurra Growy, '¿crecimos un poquito hoy?' Asientes, ya casi en sueños. 'Entonces, aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', tararea Growy. 'Susurra buenas noches a tres cosas que ves desde tu cama.' Todo lo que quieres está aquí, y todo está en calma. Buenas noches, peque.
