
La silla sube, peque, más alto de lo que ninguna silla debería subir, y una capa baja sobre ti como una cascada brillante. Alguien a quien has visto exactamente una vez está de pie detrás de ti con unas tijeras. Y entonces empieza, justo al lado de tu oreja, en el sitio que no puedes ver: chas. Chas chas. Tus manos aprietan los brazos de la silla.

Growy salta a la estantería, entre los botes y los cepillos. 'La parte que da miedo no es el corte de pelo', dice Growy, mirando tu cara en el espejo. 'La parte que da miedo es que el chas chas pasa justo donde tus ojos no pueden llegar. Tus orejas están haciendo todo el trabajo, ellas solas, sin ninguna ayuda.' Es eso. Es exactamente eso.

'Pues aquí va un secreto sobre el pelo', dice Growy. 'Es la única parte de ti que ya terminó de crecer. No puede sentir absolutamente nada. Ni tijeras, ni nada.' No lo tienes muy claro. Así que Growy dice: 'Mira la capa. Y esta vez escucha bien.' Miras cómo un mechón de tu pelo baja flotando hasta la capa brillante, y al aterrizar lo oyes: el tintineo más pequeño, como una campana del tamaño de una miga. Luego otro. Y otro. Nadie más en toda la peluquería puede oírlos. Solo tú.

Growy pide un recorte para sí también, cómo no, y baja de la estantería con un flequillo tan torcido que va cuesta arriba. Growy se mira al espejo y suelta un quejido largo y trágico. 'Vuelve a crecer', le dices a Growy. 'Siempre vuelve a crecer.' Growy se para a mitad del quejido y te sonríe de oreja a oreja. 'Ahora TÚ eres quien lo sabe: tu pelo no siente nada de nada. Y siempre, siempre vuelve a crecer.'

La capa sale de un tirón, y das una vuelta entera con la silla, solo porque puedes, y sientes la cabeza ligera y nueva. Growy baja de un salto y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Ponte la mano encima de tu propia cabeza y déjala ahí. Esa parte está creciendo ahora mismo, en este segundo.' Hasta mañana, peque.
