
Mañana hay algo nuevo, peque, y tu cabeza se ha puesto ocupada con y-si. Y si es demasiado difícil. Y si nadie me habla. Y si me equivoco. Los y-si se amontonan sobre tu cabeza como una nube gris, cada vez más grande e hinchada cuanto más los guardas dentro.

Growy mira hacia arriba a la nube que se junta sobre ti. 'Ah, la nube de los y-si', dice Growy, sin preocuparse en absoluto. 'A esta la conozco. Aquí va lo raro de las preocupaciones: solo se hacen así de grandes mientras están dentro, en la oscuridad, donde no puedes ver su tamaño de verdad.'

'Prueba una', dice Growy. 'Dila bien en voz alta.' Respiras. '¿Y si nadie juega conmigo?' Y en el momento en que lo dices, una nubecita gris sale flotando de la nube, baja, y se encoge, y se encoge, hasta ser solo un guisante gris pequeño en tu palma. Parpadeas. Es mucho más pequeño aquí fuera de lo que se sentía ahí dentro.

Así que las dices todas, una por una, y una por una bajan y se encogen en guisantes que puedes sostener. Growy añade la suya: '¿Y si la luna es de verdad queso y alguien se la come?' Un guisante diminuto salta a la pata de Growy, y los dos se ríen. 'Una preocupación dicha en voz alta es pequeña', dice Growy. 'Una preocupación guardada por dentro crece en la oscuridad.'

La nube sobre tu cabeza se ha adelgazado hasta casi nada, y tu puñado de guisantes de preocupación se siente ligero, y un poquito gracioso. Growy los recoge y los guarda en su bolsillo para cuidarlos. 'Dime, peque', pregunta Growy, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Cuando un y-si se haga grande, dilo en voz alta a alguien, y mira cómo se encoge.' Hasta mañana, peque.
