
Mientras te acurrucas en la cama, peque, tu pulgar encuentra su lugar acogedor favorito cerca de la boca, tal como siempre hace cuando el día se calma. Growy se enrosca a tu lado y lo nota, tranquilo y sin darle importancia. 'Tu pulgar ha sido tu amigo de consuelo durante mucho tiempo', dice Growy. 'Eso no es nada que esconder.'

Growy arropa la manta alrededor de los dos. 'Cuando eras bebé, tu pulgar siempre estaba ahí, listo en cuanto necesitabas consuelo. Ese fue un trabajo muy bueno. Pero ahora tus manos ya son lo bastante grandes para aprender otros trucos de consuelo, de esos que no mueven los dientitos.'

Desde debajo de la manta, Growy saca una almohadita con forma de nube, suave como un susurro. La abrazas con los dos brazos y aprietas, y la nubecita tararea la canción de cuna más pequeñita, tan bajito que tienes que hacer mucho silencio para oírla. 'Esta te tararea de vuelta cuando la abrazas fuerte', susurra Growy. 'Tu pulgar nunca tuvo que trabajar tanto.'

Growy se acerca un poco. 'A mí también se me da por mordisquear la esquina de mi manta, cada noche, hasta encontrar algo nuevo para abrazar. Lleva varios intentos, y está bien.' Sonríes, imaginando a Growy con la esquina de la manta toda mojada. Growy añade, con ternura y firmeza: 'Tu pulgar te reconfortó durante mucho tiempo. Ahora tus manos aprenden nuevas formas de sentirse a gusto.'

Abrazas fuerte la almohadita de nube contra tu pecho, con el pulgar descansando tranquilo en tu regazo, y los ojos se te ponen pesados. Growy alisa la manta y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Asientes, con calma y sueño. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Esta noche, elige algo suave para abrazar fuerte, y deja que tu pulgar descanse un poco.' Hasta mañana, peque.