
Hola, peque. Hoy tu amigo Growy te lleva a un jardín soleado donde la comida crece en todos los colores: bayas rojas, guisantes verdes, zanahorias naranjas, ciruelas moradas. Todo un arcoíris, listo para conocer.

Cerca hay una ardillita que mordisquea la misma nuez de siempre. La comida nueva le parece un poco rara a la ardilla. Growy no la apura. 'Las cosas nuevas pueden sentirse raras al principio. Está bien.'

Growy te cuenta un secreto tierno: no hace falta comer una comida para conocerla. Primero puedes solo saludarla: mirarla, olerla, tocarla, quizás darle una lamidita. La ardilla se acerca, curiosa.

Así que tomas una pequeña baya roja y pruebas el bocadito más chiquito. Por un instante, la baya parece brillar, como si te agradeciera por haberla saludado. Quizás te gusta, quizás no, y las dos cosas están perfectamente bien. Growy sonríe: 'Para probar, solo hace falta un bocadito de valentía.' La ardilla prueba un guisante y abre mucho los ojos.

Tu plato ahora parece un arcoíris, no porque esté todo comido, sino porque fuiste lo bastante valiente para saludar. Entonces Growy pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Mañana saluda a una comida nueva, solo con la mirada, el olfato o una lamidita.' Hasta entonces, peque.
