
La bicicletita espera junto a la cerca, peque, y tú no le hablas. Ayer te tiró al pasto, y tus manos todavía recuerdan el golpe. Hoy todos dicen prueba otra vez, y todo tu cuerpo dice de ninguna manera.

'Una pelea con la bici', dice Growy, asintiendo con sabiduría. 'Esto es serio. Permíteme mostrarte cómo andan los profesionales.' Growy se sube a la bici, toca el timbre dos veces, arranca con una confianza tremenda y se mete derechito en el arbusto del final del camino. El arbusto se sacude. Growy sale llevando la mitad puesta como un sombrero de hojas, se vuelve a subir de inmediato, y tararea.

'Te metiste en un arbusto y estás TARAREANDO', dices. 'Claro', dice Growy, escupiendo una hoja. 'Esa fue la caída número uno. Cada persona que anda en bici tiene su número. A algunos les tomó veinte caídas, a otros cincuenta. Cada caída que gastas es una que ya nunca tienes que caerte. Así que en realidad, el arbusto fue progreso.'

Te subes. Growy trota a tu lado, una pata cerca del asiento. 'Ahora el secreto: mira hacia donde QUIERES ir, nunca abajo a las ruedas.' Y cuando levantas los ojos hacia el final del camino, lo ves: las ruedas empiezan a dejar un rastro fino de luz detrás de ti, brillando como una cinta. Espías abajo hacia tus pies, y el rastro se apaga. Ojos arriba: brilla otra vez. 'Caerse no es lo contrario de andar', grita Growy. 'Caerse es parte de cómo se aprende a andar.'

Los tambaleos siguen ahí, pero ahora viven dentro de una cinta de luz larga y brillante que te sigue por todo el camino. Te detienes junto a la cerca, respirando fuerte, y la cerca parece de algún modo más baja que esta mañana. 'Dime, peque', pregunta Growy, todavía sacándose hojas de una oreja, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Cuando un intento salga mal, di: esa fue una de las caídas que hacen falta. Y dale una vez más.' Hasta mañana, peque.
