
Hola, peque. Has estado cavando en el jardín con Growy, y mira tus manos. Están cubiertas de tierra marrón y desmenuzada. Growy agita dos patitas embarradas y sonríe: 'Es hora del lavabo.'

Abres el grifo y el agua tibia corre por tus dedos. Growy se apura y se echa un gran chorro de jabón justo en su propia nariz. '¡Uy!' Te ríes y le ayudas. 'Frótalo hasta hacer muchas burbujas', dice Growy, 'por arriba, por debajo y entre cada dedo.' Las burbujas se sienten resbaladizas y suaves.

Frotas mientras Growy tararea una cancioncita de lavado, justo lo suficiente para contar despacio hasta veinte. ¡Y mira! Cada burbuja lleva un arcoíris diminuto, y una burbuja grande sube, sube, y estalla con un guiño de arcoíris. La tierra se va en remolinos por el desagüe.

Te enjuagas, y tus manos salen limpias, tibias y con olor a jabón. Growy aplaude y dice: 'El agua tibia y las burbujas se llevan a los pequeños revoltosos.' Mueves tus dedos limpios con orgullo.

Ahora tus manos están listas para la merienda, y lo hiciste tú, sin ayuda. Growy aplaude y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'La próxima vez que te laves, haz una montaña de burbujas y cuéntalas hasta veinte.' Hasta mañana, peque.
