
Esta noche en la ventana, peque, miras hacia arriba a dos estrellitas sentadas una al lado de la otra, tan cerca que casi se tocan. '¡Mira, los gemelos!' dice siempre alguien. Nadie señala nunca a una sola. Algo en tu pecho se aprieta un poquito, y no sabes bien cómo se llama eso.

Growy se sube al alféizar a tu lado. 'A veces la gente dice vuestros dos nombres tan rápido que suenan como una sola palabra', dice Growy en voz baja. 'Y entonces en esa palabra no queda sitio solo para ti.' Asientes. Es exactamente eso, y ahora tiene nombre.

Growy te ofrece una gota de rocío, redonda y brillante como una lente diminuta. 'Mira a través', dice Growy. La levantas hasta tu ojo, ¡y ay! Las dos estrellitas no son iguales para nada. Una brilla con un dorado de miel, cálido. La otra brilla con un azul plateado, frío. Todos aquí abajo ven dos gemelos. A través de la gota, tú ves dos luces.

'¿Y cuál es la tuya?' pregunta Growy, y luego adivina mal, y te llama con el otro nombre. Con las orejas caídas, Growy suspira: 'A mí también se me mezclan. Perdona.' Señalas tu propia estrella y le dices a Growy el nombre correcto, tu nombre, en voz alta. Growy escucha con atención y lo repite. Luego añade, con calidez y firmeza: 'No eres la mitad de un par. Eres una estrella entera, y justo a tu lado brilla otra.'

Miras hacia arriba una vez más, sin la gota de rocío. Dos estrellitas, una al lado de la otra, y ahora sabes cuál luz es la tuya. Growy se apoya en tu hombro y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Dile a alguien una cosa que es solo tuya: un color favorito, un sonido favorito, lo que sea.' Hasta mañana, peque.
