
Pasa mientras desayunas, peque. La ventana se queda en silencio y se pone blanca, y la primera nieve de todo el año baja en copos lentos, gordos y dando vueltas. Sales por la puerta antes de tener puesta la segunda bota, y Growy llega patinando detrás de ti a un mundo que se ha vuelto blando.

Growy se queda quietísimo en medio de todo, con las orejas llenas de nieve, y hace un anuncio solemne: 'Voy a atrapar el copo de nieve más perfecto del mundo. Y luego lo voy a guardar. Para siempre. En mi bolsillo.' Growy se da unas palmaditas en el bolsillo. Parece un plan muy serio.

Extiendes la manopla y uno aterriza justo encima. Te acercas mucho, tanto que casi lo tocas con la nariz, ¡y ay! Dentro hay una estrellita. De verdad, con puntas y rayas y ramitas, y no se parece a ninguna otra. '¡Growy, MIRA!' gritas. Pero para cuando Growy mira, solo queda un puntito mojado en la lana. Atrapas otro. También una estrella. También se va.

El bolsillo de Growy está empapado y vacío, y a Growy se le caen las orejas del todo. 'Yo quería guardar uno', dice Growy, muy bajito. Pones tu manopla junto a la pata de Growy, y esta vez los dos miran el mismo copo en el mismo momento, juntos, hasta que se derrite. Growy sorbe por la nariz. 'Algunas cosas hermosas no son para guardar', dice Growy. 'Son para ahora mismo.'

Vuelven a casa entre la nieve que cae, y el bolsillo de Growy sigue mojado, pero Growy sonríe. 'Al final sí guardé uno', dice Growy, dándose un golpecito en la cabeza. 'El que miramos juntos.' Entonces Growy pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Comparte una mirada con alguien. Señala algo, y espera hasta que esa persona también lo vea.' Hasta mañana, peque.
