
La piscina es enorme, peque. Desde los escalones, donde llevas un buen rato, parece un país azul entero, tambaleándose y brillando, sin un suelo en el que confiar. Otros niños chapotean y gritan en el medio. Tus pies se quedan exactamente donde están.

'¡MIRA ESTO!' brama Growy desde el borde. '¡LA BOMBA MAGNÍFICA!' Growy salta, no se encoge nada, y aterriza plano sobre la pancita con una palmada que resuena por toda la piscina. Growy sale a la superficie con agua en la nariz y una oreja doblada al revés, remando en un circulito confundido. Estiras el brazo desde los escalones y remolcas a Growy hasta ti. 'El agua', borbotea Growy, 'es más fuerte de lo que parece.'

Se sientan en los escalones a recuperarse, con el agua hasta la cintura, y Growy dice la cosa útil: 'Aquí va mi error. Intenté ganarle a toda la piscina de una vez. Pero la piscina entera nunca te toca. Mira.' Growy señala tus piernas. 'Ahora mismo, solo ESTA agua te está tocando. Un pedacito. No tienes que confiar en un país azul entero. Solo en el charquito en el que de verdad estás.'

Un escalón más abajo. El pedacito de agua a tu alrededor viene contigo, tibio por el sol. Otro escalón. Entonces Growy dice: 'Ahora la parte buena. Recuéstate sobre ella.' Y cuando por fin dejas de agarrarte y te echas hacia atrás, el agua se junta debajo de ti como una mano ancha y firme, y puedes sentir sus dedos, sosteniéndote sin que nadie se lo pida. 'No tienes que confiar en toda la piscina', dice Growy en voz baja. 'Solo en el poquito de agua debajo de ti.'

Flotas, solo una respiración, quizá dos, con el cielo arriba y la mano ancha abajo, y luego te pones de pie sin ayuda, con una sonrisa de oreja a oreja. 'Dime, peque', pregunta Growy, con una oreja todavía doblada, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'En el próximo baño, échate hacia atrás y deja que el agua sostenga tu cabeza, una respiración entera.' Hasta mañana, peque.
