
Pronto llega un bebé, peque, y todos lo dicen con voz alegre. Tú asientes, porque así se hace. Pero por la noche, en la ventana, miras tu estrella y tienes un nudo en la panza que no tiene nada que ver con la alegría. Grow se sienta a tu lado. 'Algo te preocupa.' Asientes. 'Va a venir una estrella nueva.'

'¡Eso es fácil!' resplandece Grow. '¡El amor no se reparte, el amor crece! ¡El cielo es enorme! ¡Hay lugar para todos!' Grow dice cinco frases más así, cada una más brillante que la anterior. Tú miras al suelo. 'Grow', dices en voz baja, '¿y quién me va a alzar cuando los dos estén alzando al bebé?' Grow abre la boca. Y la cierra. No tiene ninguna frase para eso.

Grow se queda callado un buen rato. 'Tienes razón', dice por fin. 'Los brazos se reparten. La falda se reparte. El tiempo se reparte. Eso es cierto, y es un fastidio, y a ti nadie te preguntó.' Algo se te afloja en el pecho, porque es lo primero en todo el día que no te dijeron con voz alegre.

'Pero esto sí te lo pregunto yo', dice Grow, y señala un pedazo de cielo vacío. 'La estrella nueva tiene que estar en algún lado. ¿Dónde?' Miras un buen rato. Mueves el dedo a la izquierda, luego a la derecha, y encuentras el lugar: un poco más abajo y un poco al costado, para que se vean las dos, la tuya y la suya. 'Ahí.' Y en ese lugar, ni un segundo después, se enciende una estrellita nueva. Grow asiente. 'Nadie más habría sabido dónde. Tú conoces este cielo.'

'Y una cosa no se reparte', dice Grow. 'Mira mañana por la noche. Tu estrella se enciende primero, antes que todas las demás, igual que cada noche hasta hoy. Eso era tuyo antes de que llegara nadie, y sigue siendo tuyo.' Ahora el cielo tiene una estrella más. La tuya se sigue encendiendo primero. 'Dime, peque', pregunta Grow, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Grow. 'Dile a una persona grande una cosa que quieras que siga siendo solo tuya. No todo el día. Solo una cosa.' Buenas noches, peque.
