
Hola, peque. Hoy tu amigo Growy te acompaña a casa de la abuela. En cuanto se abre la puerta, sale flotando un olor cálido a pastel recién hecho, y los brazos de la abuela se abren solo para ti. Growy olfatea el aire feliz.

En la cocina, la harina espolvorea la mesa como nieve suave. La abuela te ata un delantalito y dice: 'En esta cocina cada mano ayuda.' Tú presionas las formas de las galletas, y Growy roba un gran lengüetazo de masa antes de tiempo. '¡Growy!', se ríe la abuela, y le da un toquecito de harina en la nariz.

Hablan, revuelven y se ríen de la nariz de Growy, blanca de harina. La abuela cuenta cómo alguien de tu familia, cuando era pequeño, armó un gran lío justo aquí. Se siente bonito pertenecer a una familia con tantas historias.

Cuando las galletas están tibias, las reparten alrededor de la mesa. Y ahí, en la bandeja, hay una galleta horneada con la forma de Growy, y parece hacerte el guiño más pequeñito. Growy se acerca: 'Las personas que te quieren hacen que cualquier lugar se sienta como el hogar.' La cocina de la abuela se siente justo así.

Antes de irte, abrazas fuerte a la abuela y guardas una galleta para el camino. Growy sonríe y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Dale a alguien que quieres el abrazo más grande y dile una cosa que te gusta de esa persona.' Hasta mañana, peque.
