
Es hora de dormir, peque, pero la hora de dormir está llena de solo-uno-más. Un sorbito más de agua. Un cuento más. Un abrazo más, y luego, espera, uno más después de ese. En el alféizar hay un trencito de madera con una fila de ventanitas redondas, todas oscuras, esperando.

Growy esta noche es todavía peor que tú. '¿Un bocado más?' ruega Growy. '¿Una canción más? ¿Una mirada más por la ventana? ¡Uno más, uno más, uno más!' Empiezas a reírte. 'Growy', susurras, 'el tren nos está esperando.' Growy se detiene, las orejas arriba. 'Ah. Cierto. El tren.'

'Así funciona el tren de las buenas noches', dice Growy. 'Cada vez que sueltas un solo-uno-más, se enciende una ventanita. No pierdes esa cosa. La guardas a salvo en el tren, y él te la lleva hasta mañana.' Señalas la primera ventanita oscura. 'Esa es mi cuento de más.' Titila, y luego brilla cálida y dorada.

Así que los vas soltando, uno por uno, y una por una las ventanitas se encienden. El sorbito de más: brillo. El abrazo que ya te dieron dos veces: brillo. La canción que te sabes de memoria: brillo. El trencito entero brilla ahora, cálido como una fila de lamparitas. 'El tren no te deja atrás', murmura Growy. 'Espera, cada noche, justo por ti.'

La última ventanita se enciende, y el trencito arranca tan suave que lo sientes más que lo ves, llevándose todos tus uno-más despacito hacia la mañana. Los ojos te pesan. Growy es un peso cálido contra tu costado. 'Dime, peque', susurra Growy, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Antes de meterte en la cama, nombra tus tres cosas de buenas noches, y deja que el tren te lleve.' Hasta mañana, peque.
