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Growy y el perro de la verja

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Escribe un nombre y aparecerá en el cuento. Se queda solo en este dispositivo.

El atajo al parque pasa junto a la verja verde, peque, y detrás de la verja verde vive el perro. Patas grandes, ladrido grande, un hocico que se asoma entre los barrotes. Cada vez, tu mano encuentra una mano mayor y tus pies dan un rodeo amplio, por el pasto, tan lejos de la verja como el camino permite. Hoy el perro está FUERA de la verja, con correa, justo en medio del camino.

'¡UN PERRO!' exclama Growy con puro entusiasmo, y hace lo que Growy siempre hace con los amigos: se lanza a un abrazo volador gigante, brazos abiertos, a toda velocidad. El perro se sobresalta hacia atrás y suelta un GUAU tan grande que le aplasta las orejas a Growy, y de pronto Growy está detrás de ti, asomándose, sin nada de su confianza. 'Eso', dice la dueña del perro con amabilidad, 'es exactamente como NO se hace.'

'Los perros hablan lento', dice la dueña. '¿Quieres aprender?' Asientes, desde un paso seguro de distancia. Primero: pregunta a la dueña o al dueño, siempre, con cada perro. Segundo: quédate sin moverte y en silencio, como un árbol. Tercero: una mano cerrada, ofrecida abajo, y después la parte más difícil, que es nada de nada. Esperas. El PERRO decide. Y mientras estás como un árbol, algo nuevo se enciende: puedes OÍR la cola. Cada meneo susurra una palabrita. ¿Hola?, susurra. ¿Amigo? ¿Juego?

El perro te lee, lento y con cuidado, exactamente igual que tú lees al perro. Entonces un hocico tibio toca tu mano cerrada, una vez, con suavidad, y la cola susurra amigo, amigo, amigo. 'Mira eso', susurra Growy detrás de tu pierna. 'Un perro no necesita que seas valiente. Solo necesita que vayas despacio.'

Igual sigues hasta el parque por el camino largo, porque ir despacio no significa dejar de tener cuidado, y eso también está bien. Pero la verja verde ahora tiene en tu pancita una forma un poco menos de verja verde. 'Dime, peque', pregunta Growy, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Con el próximo perro detrás de una verja, párate a una distancia segura y lee una palabra de su cola.' Hasta mañana, peque.

💡Para conversar

  • ¿Qué hizo mal Growy con el abrazo volador?
  • ¿Cuáles son los tres pasos lentos?
  • ¿Qué susurró la cola al final?

👪Para ti

El miedo a los perros es uno de los más sensatos que puede tener un niño pequeño: los perros son rápidos, ruidosos, tienen dientes, y suelen estar exactamente a la altura de la cara. No le quites la razón al miedo; equípalo. El protocolo del cuento es el de verdad: preguntar siempre primero a quien lleva al perro, no acercarse (el perro se acerca), un puño cerrado abajo en lugar de dedos estirados, sin chillidos, sin correr, sin mirada fija, y todo el derecho a decir no gracias y seguir caminando. Nunca fuerces el contacto para "que se le pase", porque un encuentro forzado que sale mal deja el miedo en cemento, y un encuentro tranquilo que el niño controla hace más que veinte charlas de ánimo. Enseña a leer colas y cuerpos desde detrás de las verjas, donde no hay nada en juego, y modela tú la regla de preguntar-primero con cada perro que saludes. Un niño que prefiere saltarse a los perros por completo no está fallando; la cautela con perros desconocidos es una habilidad de vida, no una fobia. Si el miedo es amplio y crece (pánico con fotos, negarse a calles enteras), un acercamiento gradual y juguetón con distancias que el niño elige, o una charla con el pediatra, gana a empujar.

🎨Prueben esto

🐕 Jueguen a la escuela de colas a través de una verja o desde un banco: observen juntos a un perro desde la distancia que tu hijo elija, y túrnense para traducir la cola en voz alta ("ese meneo dice hola", "esas orejas dicen estoy ocupado"). Leer perros desde un lugar seguro es todo el primer año de la valentía perruna.

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