
La bañera está calentita y llena de espuma y esa parte es fácil, peque. Y luego llega el champú, y el botecito, y el vaso junto al grifo. Los hombros se te suben hasta las orejas, porque sabes lo que viene: el agua, sobre la cara, y nunca sabes exactamente cuándo.

Grow pasa por encima del borde y aterriza con un CHOF que echa media bañera al suelo. Luego se sienta entre la espuma y te mira con atención. 'La parte difícil no es el agua', dice Grow. 'La parte difícil es no saber cuándo. Son dos problemas completamente distintos.' Asientes. Es exactamente eso.

'Echa la cabeza hacia atrás', dice Grow, 'y mira al techo.' Lo haces, Grow vierte, y el agua corre por DETRÁS de ti, pasando por las orejas, y ni una gota te toca la cara. Y entonces lo oyes: el agua tamborileando en tu cabeza suena como lluvia sobre un tejado, oída desde dentro de la casa. Cálida, y lejana, y solo para ti.

'Me toca', dice Grow, y se olvida por completo de echar la cabeza atrás, y le entra champú en los dos ojos, y grazna como un pato asustado. Le pasas la toallita a Grow. 'Cabeza ATRÁS', le dices, y Grow lo intenta otra vez y le sale bien. 'Gracias', dice Grow, parpadeando. 'Y escucha: no puedes parar el agua. Pero cuándo, eso lo dices tú. Tú dices ahora, y yo vierto. Ni un segundo antes.'

Así que la dices. 'Ahora.' Y la lluvia tamborilea sobre el tejado, y se acaba antes de que termines de escucharla. Grow te envuelve en la toalla grande, que de algún modo siempre es la mejor parte, y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Grow. 'En el próximo baño, tú dices ahora. Tú eliges el momento.' Hasta mañana, peque.
