
Hola, peque. Hoy tu amigo Growy te lleva al parque, donde un conejito construye una torre de bloques completamente solo. Te encantaría jugar, pero sientes los pies pegados al suelo. ¿Y si el conejo dice que no?

Growy se sienta a tu lado y dice bajito: 'Hacer un amigo puede sentirse como un gran salto. Pero casi siempre empieza con una palabrita amable.' La practicas en tu cabeza: hola.

Respiras hondo y te acercas. 'Hola, ¿puedo construir contigo?' El conejo sonríe y te desliza la mitad de los bloques. '¡Sí! Esperaba que alguien viniera.' Y así, la torre tiene dos constructores.

Apilas, te ríes y vuelves a construir cuando la torre se tambalea. Cuando por fin la torre está alta y orgullosa, una mariposita azul baja planeando y se posa justo encima, como diciendo bien hecho. Growy observa con alegría: 'Para hacer un nuevo amigo, solo hace falta ser el primero en saludar.' El conejo ya se siente mucho menos como un desconocido.

Cuando llega la hora de irse, tú y el conejo se despiden con la mano y prometen construir otra vez. Growy sonríe y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Sé el primero en saludar a un amigo nuevo.' Hasta mañana, peque.
