
Es solo el cordón de un zapato, peque, pero el nudo no quiere salir. Tiras. Se aprieta. Tiras más fuerte. Se aprieta más fuerte. Algo caliente empieza a subir desde tu pancita hacia tus orejas, y tus manos quieren lanzar el zapato entero al otro lado del cuarto.

Y entonces lo oyes: el nudo está zumbando. Un zumbido enfadado y vibrante, como una abeja de mal humor. 'Oh, interesante', dice Growy, acercándose. '¿Lo notas? Cuanto más fuerte tiras, más fuerte zumba. Este es de esa clase de nudos. Escucha a tus manos.'

'Déjame a mí', dice Growy, y agarra el cordón y tira con todas sus fuerzas, patas clavadas, orejas aplastadas, MMMPF. El nudo zumba como una colmena entera y se aprieta en una bolita furiosa. Growy te lo devuelve, resoplando. 'Eso salió mal. Te toca. Prueba despacio.' Respiras, dejas que tus dedos vayan lentos, y el zumbido baja a un ronroneo suave y curioso.

Despacio, despacio, mueves solo una lacita. Cede, un poquito. Luego un poco más. El ronroneo se vuelve más cálido. Y entonces el nudo entero suspira y se abre en tus manos, así sin más. '¿Ves?' dice Growy. 'Difícil no es una pared. Difícil es una puerta que se abre despacio.'

Atas el zapato, y el cordón queda liso y tranquilo, ronroneando su ronroneo suave solo para ti. 'Dime, peque', pregunta Growy, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'La próxima vez que algo no salga, susurra la palabra despacio, y prueba solo una esquinita.' Hasta mañana, peque.
