
Hay algo que quieres, peque, y sabes exactamente qué es. Las ganas están claras como el cristal dentro de ti. Pero cuando envías la palabra hacia afuera, sale tambaleante, y la persona mayor inclina la cabeza y dice, ¿cómo? Lo intentas otra vez. Otra cabeza inclinada. Algo caliente pica detrás de tus ojos, y ya no quieres decir nada de nada.

Growy se sienta a tu lado y pone una pata, con mucha suavidad, sobre tu pecho. '¿Sabes qué vive ahí dentro? Un nido. Un nido entero de pájaros-palabra. Algunos ya vuelan derechos como flechas. Algunos vuelan tambaleándose, haciendo bucles por el aire. Y algunos todavía están en el nido, echando plumas. Echar plumas tarda exactamente lo que tarda. Mira, puedes verlos.' Y cuando hablas, de verdad PUEDES: un pajarito brillante sale aleteando de tu pecho y se va en bucles por la habitación.

'Mírame a mí', dice Growy, e intenta pedir una merienda. Del pecho de Growy sale el pájaro más raro que conoces, completamente revuelto, hace dos bucles y aterriza boca arriba en tu regazo. Ahuecas las manos a su alrededor, y sientes lo que Growy quiere decir, merienda, claro como el día. '¡Lo atrapaste!' resplandece Growy. '¡Boca arriba y todo, y aun así lo atrapaste!'

'Ese es todo el secreto', dice Growy. 'Una palabra no tiene que salir perfecta. Solo necesita que alguien la atrape. Y mientras a un pájaro le crecen las plumas, tienes otros mensajeros: tu dedo puede señalar, tus manos pueden mostrar, y puedes tomar a alguien de la mano y llevarlo hasta la cosa. Esos no son pájaros de menos valor. También vuelan.'

Pruebas la palabra tambaleante una vez más, y esta vez la persona mayor ahueca las dos manos y la atrapa, con bucles y todo, y la cosa que querías llega. El nido en tu pecho se siente cálido. 'Dime, peque', pregunta Growy, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Envía UN mensaje a alguien que te quiere: una palabra, un dedo que señala, o una mano que lleva. El pájaro que esté listo.' Hasta mañana, peque.
