
Hola, peque. Esta mañana el jardín se ve diferente. Alguien ha mordisqueado pequeñas ondas en las hojas de lechuga, y hay huellitas en la tierra blanda. '¡Un misterio!', susurra Growy. '¿Quién será?' Decides averiguarlo.

Como buen detective, miras de cerca la primera pista. Las huellitas tienen cinco deditos, más pequeños que los tuyos. Van desde la lechuga, alrededor de la maceta, y luego hacia el seto. Las sigues despacio.

La siguiente pista es un pequeño túnel aplastado entre la hierba alta, del tamaño justo para alguien bajito y pegado al suelo. Growy olfatea un rastro brillante y exclama: '¡Por aquí pasó un dragón!' Es solo un caracol. Luego Growy encuentra la pista de verdad: tres suaves púas grises atrapadas en una ramita. Cada vez más y más misterioso.

Oyes un crujidito bajo las hojas junto a la valla. El corazón te late rápido. ¿Será el misterio algo que da miedo? Tú y Growy se asoman con mucho cuidado detrás de la gran hoja verde, aguantando la respiración.

Y ahí, enroscado en una bolita acogedora, hay un erizo pequeño que parpadea tímido hacia ustedes. Sus púas diminutas están salpicadas de rocío de la mañana que brilla como cien estrellitas. Nada de miedo, solo un visitante nocturno con hambre. Growy sonríe: 'Un misterio es solo una pregunta que espera a que un amigo curioso la responda.'

Le dejas al erizo una rodaja de pera y te alejas de puntillas para que descanse. Growy sonríe y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Sé detective afuera y encuentra una pista diminuta: una huella, una pluma o una hoja mordisqueada.' Hasta mañana, peque.
