
Los dos querían el columpio rojo, peque. Esa es toda la historia, y de algún modo se convirtió en palabras fuertes y un empujón, y ahora tú estás en una punta del parque y tu amigo en la otra, de espaldas, y toda la tarde se ha puesto gris.

Grow se sienta a tu lado sobre las virutas de madera y no dice 've a pedir perdón'. Grow dice: 'Tu cara está haciendo dos cosas a la vez. Sigue enfadada, y lo echa de menos. Las dos. Al mismo tiempo.' Asientes, y se te cierra la garganta, porque nadie lo había dicho nunca en voz alta. Las dos cosas están permitidas.

'Mira bien', dice Grow, y señala el centro de tu pecho. Y ahí está: un hilo. Fino, de plata, cruzando el parque entero desde ti hasta tu amigo, flojo y gris en el medio, colgando en el polvo. Pero no está cortado. Ni un poquito. No tenías ni idea de que estaba ahí todo el tiempo.

'Lo que tú necesitas', anuncia Grow con solemnidad, 'es un DISCURSO. Queridísimo amigo, en este día entre los días, por la presente...' Grow se enreda en sus propias palabras y se detiene, con las orejas rosadas. Así que simplemente vas hasta él y dices lo que es verdad: 'El columpio me pareció más importante que tú. Pero no lo es.' Tu amigo levanta la vista. Grow parpadea. 'Ya. Eso fue mejor que el mío.' Luego Grow añade, en voz baja: 'Una pelea no corta el hilo. El hilo solo se afloja, hasta que alguien tira con cariño.'

El hilo se tensa, y se pone cálido, y dorado. Se turnan en el columpio rojo, uno empuja y el otro vuela, y la tarde vuelve a tener color. Grow se apoya en el poste del columpio y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Grow. 'Si el hilo se afloja con alguien, dale un tirón: ve y ponte a su lado. Ni siquiera tienes que hablar todavía.' Hasta mañana, peque.
