
El piso de tu cuarto ha desaparecido, peque. Debajo de los bloques, debajo de los animales, debajo de un calcetín que no es de nadie, se supone que hay una alfombra. Y ahora llega la peor frase del mundo: hora de recoger. Los hombros se te caen hasta abajo. Recoger es como termina la diversión.

'¿Recoger? Fácil', dice Growy, y se pone manos a la obra al instante. Growy levanta el borde de la alfombra y lo empuja todo debajo, bloques, animales, el calcetín misterioso, todo, y luego se para orgullosamente encima de la montaña llena de bultos. '¡Listo!' Niegas despacio con la cabeza. 'Growy. No están recogidos. Solo están escondidos. Ahí abajo siguen siendo un desorden, solo que secreto.'

Growy se baja, pensando mucho. 'Entonces necesitamos el desfile.' Y Growy levanta al osito, lo sostiene en alto y lo hace marchar por el cuarto, pum pum pum, hasta su cesta. Y cuando el osito aterriza en su casa, tararea. Una nota pequeña y redonda, como una campana de peluche. Tú agarras los bloques. Cada uno, al aterrizar en su caja, tararea su propia notita, todas distintas.

Así que el desfile sigue marchando, juguete tras juguete, pum pum pum, y nota tras nota va cayendo en su lugar. Y cuando el último animal aterriza en el estante, todas las notitas siguen colgando en el aire, y se juntan, solo por un momento, en una pequeña canción. La canción de un cuarto terminado. 'Los juguetes no se guardan', dice Growy, escuchando. 'Los juguetes se van a casa.'

Te paras en la puerta y miras: la alfombra volvió, el estante está lleno, y cada juguete está donde te esperará mañana. Ese es el secreto de verdad, recoger no es el final del juego, es el juego preparándose para la próxima vez. 'Dime, peque', pregunta Growy, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para esta noche', dice Growy. 'Lleva UN juguete a casa marchando, y escucha su nota.' Hasta mañana, peque.
