
Cuando vacías la mochila después del jardín de infancia, peque, rueda hacia afuera un camioncito rojo, uno que no vive en tu caja de juguetes. Es de tu amigo. En la pancita sientes una sensación rara y punzante, pequeña y un poco incómoda. Growy se acerca a mirar el camioncito también. 'Mmm', dice Growy. 'Ese parece que no es del todo tuyo.'

Le das un empujoncito al camioncito, y sus ruedas dejan escapar un chirrido pequeño y triste, como si extrañara su propia caja de juguetes. Growy observa con atención. 'Esa sensación punzante en la pancita tiene un trabajo', dice Growy. 'Está ahí para recordarte: algo aquí es de otra persona.'

Juntos guardan el camioncito a salvo en la mochila, listo para mañana. 'Hay unas palabras mágicas que hacen que pedir prestado se sienta bien en lugar de punzante', dice Growy. '¿Puedo jugar con esto? Solo pregunta primero, y casi siempre la respuesta es sí.' Practicas decirlo en voz alta, y esa sensación punzante ya se siente más ligera.

Al día siguiente, le devuelves el camioncito a tu amigo y dices las palabras mágicas para la próxima vez. Las ruedas del camioncito ahora giran suaves y contentas, sin el triste chirrido. Growy se acerca un poco. 'A mí también se me da por traer a casa una piedrita brillante del parque, en el bolsillo, sin darme ni cuenta, y sentir después esa misma sensación punzante.' Te ríes, imaginando a Growy llevándose una piedrita a escondidas. Growy añade, con calidez y firmeza: 'Pedir permiso primero no es una regla que hace la diversión más pequeña. Es lo que hace que una amistad se sienta segura.'

Tu amigo te deja empujar el camioncito juntos de todos modos, esta vez los dos sonriendo, sin ninguna sensación punzante. Growy te da un golpecito en el hombro y pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Antes de jugar con algo que no es tuyo, di las palabras mágicas: ¿Puedo jugar con esto?' Hasta mañana, peque.
