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Growy y el abrazo a distancia

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Escribe un nombre y aparecerá en el cuento. Se queda solo en este dispositivo.

Una de tus personas mayores está lejos ahora mismo, peque, más lejos que las tiendas, más lejos que el parque, tan lejos que no puedes ir corriendo por un abrazo. Sabías que se iba. Pero saberlo no detuvo la tristeza, y esta noche la tristeza está sentada justo en medio de tu pecho, callada y pesada, exactamente con la forma de un abrazo que falta.

Growy decide arreglarlo mandando un abrazo a través de la distancia. Primero Growy intenta enviarlo en un sobre; no se deja doblar. Luego intenta mandarlo en un paquete; el paquete vuelve. Por fin Growy carga un abrazo en una honda y lo dispara por la ventana, y aterriza en el jardín del vecino. 'Los abrazos', jadea Growy, 'no viajan así.'

'Yo sé una manera en que SÍ viajan', le dices a Growy, y la muestras: dos piedritas lisas, un par igual, una para ti y una que se fue lejos en el bolsillo de tu persona mayor. 'Acordamos una hora. Cada noche, cuando llega la hora de las buenas noches, los dos tomamos nuestra piedrita y la apretamos en el mismo momento.' Envuelves la mano alrededor de la tuya. Esperas. Y entonces, despacio, la piedrita se pone cálida en tu palma, porque lejos, en ese mismísimo segundo, otra mano también la está apretando.

Sostienes la piedrita cálida contra el lugar triste de tu pecho, y cabe ahí justo, y el sentimiento pesado se ablanda. 'El cariño no se hace más pequeño con la distancia', dice Growy, con asombro en la voz. 'Solo tiene que viajar un poco más lejos para llegar a ti.' La piedrita se queda cálida mucho, mucho tiempo.

Te duermes con la piedrita cálida acurrucada en la mano, y lejos, tu persona mayor sostiene esa misma calidez, pensando en ti a esa misma hora. 'Dime, peque', pregunta Growy en voz baja, '¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para esta noche', dice Growy. 'A la hora de las buenas noches, aprieta tu piedrita cálida, y mándale a tu persona mayor un abrazo a distancia.' Hasta mañana, peque.

💡Para conversar

  • ¿De qué maneras graciosas intentó Growy mandar un abrazo?
  • ¿Cómo funcionan las dos piedritas?
  • ¿Quién aprieta su piedrita a la misma hora que tú?

👪Para ti

Extrañar a un padre o madre que está lejos es un duelo de verdad en un cuerpo pequeño, y los niños suelen mostrarlo de lado: apego excesivo, berrinches, sentimientos grandes en momentos raros, o un "no me importa" plano que es lo contrario de la verdad. Lo que más ayuda es una conexión sobre la que puedan actuar, no solo escuchar. Un objeto compartido y un ritual sincronizado (una piedrita apretada a la misma hora, una pulsera igual, unas buenas noches grabadas que se ponen cada noche) convierten un abstracto "te quiere" en algo que el niño hace con las manos. Mantén presente en la vida diaria a quien está lejos: una foto a la altura del niño, su voz en un mensaje corto diario, una cuenta regresiva que el niño vea y mueva él mismo. Di la verdad sobre el tiempo en unidades que un niño entienda ("en casa después de cuatro noches", no "el jueves") y nunca conviertas una partida en sorpresa. Deja que el extrañar se diga, no que se guarde ("lo extrañas, tiene sentido, yo también lo extraño"), porque un anhelo nombrado se calma más rápido que uno escondido. Y mantén tus propias despedidas en la recogida y en las videollamadas cálidas pero no alargadas, porque un ritual largo y lloroso enseña que las despedidas son emergencias.

🎨Prueben esto

🪨 Hagan un par de piedritas de conexión: elijan dos piedritas lisas (o pinten dos pequeñas igual), quédense una y envíen la otra con la persona mayor que está lejos, y acuerden una hora diaria para apretarlas. Un ritual compartido y sincronizado le da al niño algo que HACER con el extrañar, que calma mucho más que decirle que pronto volverá.

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