
Buenos días, peque. Hoy tu amigo Growy te acompaña a un lugar nuevo: una sala llena de juguetes, sillitas y otros niños. Es tu primer día aquí. Aprietas la mano de Growy un poquito más fuerte, y está bien.

En la puerta, un búho amable te sonríe. 'Cuánto me alegra que estés aquí', dice en voz baja. Todavía no quieres soltarte. Growy se acerca y susurra: 'Yo guardo tu despedida aquí, en mi bolsillo, hasta el momento en que vuelvas a casa.' Tu despedida se convierte en una lucecita cálida y se acomoda a salvo ahí dentro.

Dentro hay bloques, pinturas y un rincón de lectura muy acogedor. Al principio miras desde un lado. Entonces un zorrito hace rodar una pelota roja por el suelo, justo hasta tus pies. La haces rodar de vuelta. El zorro se ríe. Y tú también.

La mañana se llena de una canción, una merienda y una torre de bloques que crece y crece. A veces piensas en casa, y eso también está bien. Growy se queda cerca, y el búho siempre anda por ahí.

Entonces se abre la puerta, y ahí está la persona que más quieres. Corres a un gran abrazo. '¡Estás aquí!' 'Siempre.' Growy te guiña un ojo: tu despedida estuvo a salvo todo el tiempo. Entonces Growy pregunta: 'Dime, peque... ¿crecimos un poquito hoy?' Sí. 'Aquí está tu pequeño crecimiento para mañana', dice Growy. 'Inventa un saludo especial de despedida con alguien que quieres, y hagan siempre el mismo en la puerta.' Hasta mañana, peque.
